La Ruta del Huracán: lee en Inmortal una de las crónicas del libro de Santa Feria

Fecha

Durante años la producción de libros sobre música nacional era más un goteo que una lluvia constante de títulos a recorrer. Sin embargo, desde el 2014 la cantidad de ediciones ha aumentado, dándonos mayores posibilidades de conocer investigaciones o relatos de primera fuente sobre bandas, estilos y los procesos vinculados.

Fiscales Ad-hok, Massacre, Dadá, Panteras Negras son algunas de las agrupaciones que se han visto relacionadas a estos trabajos, los que dejan registro de su legado. Otros , como el libro «Capital» de Andrés Valenzuela, parten desde un trabajo musical para desarrollar una serie de cuentos basados en el disco del mismo nombre de BBs Paranoicos.

Una banda que ha decidido dejar registro del momento que está pasando es Santa Feria. Para todos quienes sigan la música tropical y la cumbia chilena, Santa Feria es una parada obligada, con conciertos donde sus seguidores llegan convocados en masa y donde el «huracán bailable» ha crecido desde los años en que se presentaban en el Galpón Víctor Jara, hasta llegar a repletar un Movistar Arena el año pasado.

Con lucidez y consciencia de la necesidad de documentar estas vivencias es que Cristóbal González, ex-baterista de Santo Barrio y actual manager de la banda, se puso en campaña para traernos «La ruta del huracán«, libro que el grupo y la editorial Perro Negro editaron en noviembre recién pasado.

Interesante resulta que, a diferencia de los grupos mencionados anteriormente, donde el carácter de los trabajos puede ser mayormente revisionista, en el caso de «La ruta del huracán» se vislumbra una clara intención de hacer partícipe al lector de aquellos momentos que para el público son desconocidos, pero que dicen mucho de la cohesión y las formas de trabajo, retratando además un momento de la escena musical nacional. Así, estas crónicas nos invitan a imaginarnos a los músicos subiendo a un escenario, bajando de otro, riendo y compartiendo, sin detallar en los hechos biográficos que abundan en la red. Un trabajo hecho con mucho cariño desde la corrección de su textualidad hasta su elaboración material, muchas horas detrás de un objeto que da cuenta del quehacer actual de uno de los actores relevantes de la cumbia” indican en su presentación de este trabajo, lo que ciertamente es así.

La primera edición de «La ruta del Huracán» se encuentra agotada. Para quienes deseen adquirirla, una nueva edición estará pronto disponible directamente con la banda en su web www.santaferia.cl.

Y como adelanto para aquellos que aún no se deciden o que simplemente les gusta la banda, en Inmortal compartimos con ustedes una de las crónicas que está incluida en este trabajo. ¡A leer!

Vida salvaje (Cristóbal González, extracto de libro «La ruta del Huracán»)

Universidad de Chile y Usach, 20 de marzo de 2015, Santiago.

– ¿Llegan a la sala o se van directo?, nos pregunta Manu, nuestro aguerrido jefe de escenario, quién ha estado desde temprano haciendo chequeos técnicos.

Le comentamos que llegaremos directo al show.

– Avisen antes pa’ la otra, poh, yo los estaba esperando acá en la sala, nos reprende,

enérgico por wassap.

– Pero si te avisamos por mensaje, le responde uno de los músicos.

– No vi ese mensaje, me hubiesen llamado mejor, entiéndame, no he dormido nada, nos dice Manu, frase que refleja el enorme esfuerzo que realizan los equipos técnicos de las bandas, sacrificios que el público no ve, pero que son determinantes en el buen resultado de un show.

– Discúlpanos, Manu, y aguante, respondemos a nuestro indispensable hermano.

– Está la cagá en en Irarrázaval, hay un taco brígido, baja a José Domingo Cañas, es la inquietante instrucción que, por otro lado, Richie, el percusionista, me da al teléfono. Minutos después diviso el auto de los muchachos y en cosa de segundos estamos con Richie, Gonzalo, Pollo y su hermano Cogollo, rumbo a Beaucheff, donde está la Facultad de Ingeniería de la Universidad de Chile. Un clásico de la temporada universitaria y del rock and roll. En este mismo lugar estuve tocando el 98, el día que detuvieron al dictador Pinochet en Londres – el ambiente era de fiesta total – y aquí mismo se organizó el famoso festival del portal Chilerock, donde el editor de este libro y yo compartimos imborrables momentos disfrutando entre otras cosas del show de Plastilina Mosh y de Makiza, donde ya en esos años brillaba Ana Tijoux.

De vuelta al 2015, llegamos y los guardias, amablemente, nos hacen pasar. Alex Andwanter está terminando su show, suena “Amar en el Campo”, single de su anterior banda Telerradio Donoso y tema escogido por el destacado músico y cineasta para cerrar su show.

– Es bueno este loco, me comenta Richie, quién esta tarde luce una envidiable polera de Pulp Fiction.

Efectivamente aunque Andwanter cultive un estilo muy distinto a lo que estamos acostumbrados a ver con Santaferia, el hombre destaca en lo que hace y la gente canta sus canciones con frenesí. Instantes después Manu dirige el montaje del escenario con dominio y claridad, como Yoda dirigiendo la guerra de los clones.

En minutos todo está listo para que la banda parta su show. Hay mucha gente y el ambiente es de expectación. Le damos el vamos al animador y este dice: ¡los dejamos con los cumbieros, con los prendidos de Santa Feria! La reacción es impresionante. Vemos a toda la gente con las manos arriba. Hay banderas, lienzos, hinchadas, por todos lados. La gente salta y canta, feliz. La energía se libera con fuerza. Observo todo esto, admirado, mientras veo a Nelson, robusto batero de Guachupé, abajo del escenario. Su banda tocará después de Santaferia.

Los comienzos de Guachupé están, por cierto, muy ligados a este lugar. “Extrañaba volver a tocar en mi querida Universidad de Chile, una abrazo a la federación de estudiantes”, escribe Nelson en su cuenta de Facebook.

45 minutos después los músicos de Santaferia se bajan del escenario.

Rápidamente se desmonta el backline del grupo y en cosa de minutos, ya estamos en la van y en el auto, rumbo a la USACH.

Es viernes por la tarde, Santiago colapsa, hace calor y hay mucha congestión. Vamos en el auto de Gonzalo y vemos a dos motoqueros al lado nuestro. Nos parecen lo máximo estilosos, hasta que de repente uno de ellos hace una arriesgada maniobra, cruzándose, sin previo aviso, frente a nuestro auto.

Quedamos en shock al comprobar cómo, mirando a la calle todo puede ser real.

Segundos después alcanzamos al motoquero y nuestro conductor lo emplaza por su imprudencia. El hombre nos ignora. La congestión de la urbe enajena a sus habitantes e impone un violento «sálvese quien pueda».

Pasamos justo enfrente de la Villa Portales, mítico proyecto arquitectónico de la Unidad Popular. Damos la vuelta y minutos después accedemos al estadio, por calle Ecuador. Hay ocho mil personas. “Ahí están los pesados de Santa Feria”, dice al micrófono Tea Time de Los Tetas, una broma interna, que saca risas entre nosotros, pues guarda relación con ciertas jornadas en la Maestra Vida que aun palpitan en la memoria feriana.

El cuarteto funk y sus hits hacen bailar al público, frente a la reja unas chiquillas proponen unas improvisadas y provocativas coreografías, en base a la música del grupo, que suena muy actual. Todo un espectáculo. Segundos después Santa Feria se prepara para tocar. La producción le pide a la banda hacer una entrevista para ser transmitida por pantalla gigante.

Aparece Diego, el saxofonista, con su estilosa camisa y su clásico Jopo Rockabilly.  El hombre habla de cultivarse y de leer, para poder ser agentes de cambio preparados; un buen mensaje para el comienzo de año.

El público se duplica en base al show anterior y los fanáticos también. Todo el mundo aplaude, palmea, canta y baila con Santa Feria, que han sido convocados para cerrar el evento.

– Saludos a toda la gente de nuestro staff, por su trabajo, a ustedes y a los vecinos de la Villa Portales, dice el Pollo.

Breves cortes de sonido, tipos arriba de la reja, banderines, desencuentros entre fans y guardias, locura y pasión, en su máximo esplendor. Es mucha la gente y a momentos la cosa se descontrola un poco. El público se agolpa y sin quererlo presiona las vallas.

– Córranse un poco más para atrás, para que la gente que está acá adelante, no esté tan apretada, dice el Pollo al micrófono, convocando a la cooperación y a la mesura. Pareciera que las experiencias anteriores le hubiesen dado más claridad y seguridad a nuestro frontman para enfrentar estas coyunturas. Y es que pese a la enorme cantidad de público y al evidente descontrol que reina en el ambiente, su mensaje causa efecto; el público atiende sus palabras y colabora. El evento termina sin inconvenientes.

La banda luce feliz en camarines. Fue una buena jornada, aunque hubo bastante tensión y no poca adrenalina en la previa. Todos estamos muy cargados, aún, en lo energético.

Se siente.

Segundos después, ya estamos de regreso en la Alameda, nuevamente con Gonzalo, viajamos en su auto. Son casi las doce, pero todavía hay congestión en la ciudad. De repente un tipo se queda parado con su auto justo frente a nosotros. Le tocamos la bocina, pero el compadre no avanza. No entendemos que pasa. ¡Estrés máximo!

La indolencia del conductor nos descoloca, es raro, en verdad, que el tipo no acuse recibo, ni se mueva. Hay cansancio y mucho desgaste. Gonzalo ha estado manejando todo el día, soportando el tráfico, luchando con motoqueros imprudentes y con autos que no se mueven.

El músico acuesta su cabeza en el volante, frustrado ante el nulo resultado del bocineo.

– Oye, pero tranquilo, igual suena bacán la bocina nueva de tu auto, le dice el Pollo, para darle ánimos.

Risas y alegría, nuevamente distensión. Momentos donde se demuestra la importancia del humor, del apoyo y de la amistad dentro un grupo. Como cuando los feriantes se apoyan entre ellos con sencillo, bolsas o improvisadas tallas.

El nombre Santa Feria hace alusión justamente a eso, a la diversidad de las ferias, lugares donde todos somos caseritos y caseritas, han dicho alguna vez los músicos de este conjunto, un grupo de músicos, pero también de amigos; algo que se nota en momentos como este.

Salimos, finalmente, del taco. Llegamos a la primera parada. Nos relajamos un poco.

Ahora, señor copiloto, dice alguien, sáquese el otro, pa’ juntos volar.

Más
artículos