Muere el individuo

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A sus 103 años fallece el único antipoeta: Nicanor Parra. El pasado martes 22 de enero, retirado en su casa de Las Cruces, murió tras dejar un legado de más setenta años de inigualable literatura.

Nacido en la región del Bio-Bio en 1914, de origen humilde, hijo de un padre profesor y una madre modista. El mayor de nueve hermanos, el mayor de una familia de artistas, físico matemático de profesión, llegando a ser profesor de la Universidad de Chile.

Parra encarnó las paradojas y relativismo al cual está sujeta  existencia humana, lo bello de su cotidiano, lo confuso de la realidad y el universo, con sencilla y extraordinaria literatura.

En cien años dejó un prolífica herencia de 25  títulos, algunos junto a Enrique Lihn y Alejandro Jodorowsy, con quien compartió tiempo junto a “la colorina” Stella Díaz Varín. Definitivamente consolidaron la generación humanista de los ´50. Profundos, filósofos, de una densidad pasmosa y ligereza sutil al oir la cadencia de sus textos.

Absurdo, con humor, a veces oscuro y con la muerte recurrente. Los escritos de Nicanor revolucionó la poesía hispanoamericana en 1954, cuando publica “Poemas y antipoemas”.               

Sobreviviente de la gran literatura del siglo XX.  Pablo de Rokha fue categórico ante el quehacer de matemático: “Los antipoemas inspiran lástima y asco”. Ganó detractores entre los seguidores de la lírica más rigida, como también diversos reconocimientos y premios, además de ser nominado al Nobel.

En  2011 obtuvo el Premio Miguel de Cervantes, y en 2012 el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda.  

 

Un hombre imaginario

Asumimos humildad en este elocuente y lucido hombre, que jamás cambió su nombre por un pseudonimo, siempre Parra: “El poeta es un hombre como todos / un albañil que construye su muro: / un constructor de puertas y ventanas”  (Manifiesto, 1963).

Un díscolo político. Almorzó con la esposa de Nixon en los ´70, incomodó a la familia de Pinochet y fue amigo de Artur Lundkvist, escritor y activista sueco. Los extremos de la política nunca lo identificaron.

En palabras artefacto propio lo explica bien: “Hasta cuándo siguen fregando la cachimba. Yo no soy derechista ni izquierdista. Yo simplemente rompo con todo”.

Sus últimas décadas las pasó en su casa ubicada en el balneario Las Cruces. Mismo lugar donde celebró su centenario el año 2014. Hasta el momento se  se desconocen las causas de su deceso, así como también la ceremonia fúnebre, su velatorio y entierro. Aunque no podemos negar que pedir explicaciones al cuerpo un hombre de su edad, es exigir demasiado.

Definitivamente su vida trasciende en sus escritos, en su particular forma de ver el mundo, que compartió siempre abierto en su casa Lincoln  113, y que otros estudian e intentar imitar. Pero Parra es el Individuo, el único, inigualable artista que bajó a los poetas del Olimpo.

Lloren si quieren, x mi parte me muero de la risa.

¿Qué es la antipoesía?

¿Un temporal en una taza de té?

¿Una mancha de nieve en una roca?

¿Un azafato lleno de excrementos humanos como lo cree el padre Solvatierra?

¿Un espejo que dice le verdad?

¿Un bofetón al rostro

del presidente de la Sociedad de Escritores?

(Dios lo tenga en su santo reino)

¿Una advertencia a los poetas jóvenes?

¿Un ataúd a chorro?

¿Un ataúd a fuerza centrífuga?

¿Un ataúd a gas de parafina?

¿Una capilla ardiente sin difunto?

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