Fauna Primavera (o lo que importa es la curatoría)

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Fauna Primavera ya cumple con 8 ediciones donde han pisado el Espacio Broadway nombres como MIA, Morrissey, Pulp, Mogwai y Solange. Demostrando mejoras en el cartel y retrocesos en gestiones básicas como la venta de comida (largas filas, pocas opciones vegetarianas, horas de espera y un absurdo sistema de recarga de pulseras) este 2018 se perfiló, a pesar de sus contras, como una de sus versiones mejor logradas.

La jornada empezó con el baile de Iarahei y Gianluca en el pequeño escenario Red Bull. Alguna entrevista lo bautizó como “el príncipe del Trap”, pero Gianluca, con dos producciones a cuesta intenta desmarcarse de un género estereotipado. Sus letras no hablan de lujos, plata o mujeres sino que se enfocan en los porvenires de la vida diaria, textos que a veces pecan de ingenuos y cliché. La fiesta prendió y el escenario nunca se apagó.

De ahí en adelante la tarde se empapó con la excelente Nathy Peluso, que una vez más demostró en nuestro país todo su arrastre y encanto. Su lírica certera, presencia completa en el escenario y un increíble talento merecía un horario estelar. Mientras tanto, Connan Mockasin fue el bálsamo de la hora de almuerzo. Los problemas técnicos que se presentaron desde el inicio no descolocaron al neozelandés ni al público casi en trance e hipnotizado por su suave voz. Bien.

Built To Spill es casi el show under preferido de Fauna. Los veteranos de la escena no dudaron en descargar sus clásicos e inconfundibles éxitos pasando por la melancolía de “Car”, “Liar” o “I Would Hurt a Fly”.

Ya en la hora la hora de los cabeza de cartel casi no hubo tregua. At The Drive In es pura potencia, pasando por alto toda advertencia que llame a la calma. Por su lado, MGMT se mostraron aplicados y a gusto, quemando rápidamente los hits y recurriendo a todo lo mejor de su imperturbable discografía, incluído su último disco, para cerrar el escenario Vans.

Porqué amamos a Warpaint

Ya quisieran todas las bandas la solidez y potencia de Stella, Theresa, Jenny y Emily juntas. Warpaint, aún sin espacios estelares en la programación, saben cómo dar muestras de su vigencia y sonido.Su calidad es inalterable en su nuevo disco Heads Up (2016), que aún resuena con fuerza al igual que su predecesor homónimo de 2013.

Amamos a Warpaint porque han sabido desmarcarse del concepto de “banda de chicas”, han dejado atrás la imagen sensual de sus integrantes (como en el vídeo de “Elephants”) y se han posicionado como una de las mejores bandas para ver en vivo. “Love Is To Die”, “Disco/Very”, “Bees” coronaron su show dentro de los puntos altos.

DCFC: Buscando a Walla

Desde el 2003, con el lanzamiento de Transatlanticism, que el nombre de Death Cab For Cutie suena en el circuito de festivales y shows en Latinoamérica. Pero los de Seattle se hicieron esperar y tardaron demasiado tiempo. El sábado, Gibbard y compañía pisaron por primera vez un escenario chileno. Promocionando su nuevo disco Thank You For Today, la banda recorrió casi en su totalidad canciones post 2015 y repasando “What Sarah Said”, “Photobooth” o “Transatlanticism”.

Este recorrido, predecible, coincide especialmente con la salida el 2014 de su guitarrista y compositor Chris Walla. Los siguientes álbumes no han podido convencer a los fans y a la crítica y se hace notar. Pareciera ser que la banda perdió el cerebro compositivo de Walla y con ello el rumbo y la poesía de Gibbard.

El show en Espacio Broadway estuvo impecable, sin embargo, la banda no se esforzó en demostrar mayor entusiasmo y mucho menos recorrer etapas que ameritan años de espera. El show de DCFC fue a lo menos olvidable, en momentos casi un trámite para ellos.

¿Qué hacer después de Lorde?

Cuatro años pasaron desde la primera vez de Lorde en Santiago. A media tarde y en un escenario alternativo de Lollapalooza 2014, Lorde, ya consagrada, presentaba con 17 años Pure Heroine. Hoy vuelve con el excelente Melodrama a cerrar, como corresponde, un festival masivo.

Y es que la calidad de Lorde es desbordante e hipnótica. El trabajo completo en el escenario que incluyó baile y visuales complementó un show que no tuvo puntos bajos. Su angelical presencia en el escenario, sumada a los sutiles matices de su voz doblada en la mezcla y coros hace que sus canciones tomen un rumbo único en vivo. Con Kate Bush de antesala, “Sober” abrió el show y nunca bajó la guardia.

Sensible, empática y preocupada de cada detalle, Lorde entregó todo lo que la ha convertido en una de las mejores solistas de la actualidad. “Liability”, “The Louvre” y casi todos sus éxitos de sólo sus dos discos nos presentan a una artista que sólo puede seguir subiendo. De seguro que aún ni siquiera estamos ante su mejor versión y madurez musical. El single “Green Light” explotó para cerrar de la mejor manera la noche del 10 de noviembre.

Texto por Matías Muñoz
Foto principal por Javiera Gilmar

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