El ritual de invierno de Camilo Eque

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No fue la noche más fría en lo que va de invierno, pero entre las nubes y la humedad, el ambiente era perfecto para un concierto de Camilo Eque. Tomé la bicicleta y raudo pedaleé hasta la Sala SCD de Bellavista, donde el valdiviano nos tenía preparado un show en formato reducido, pero no por eso menos intenso.

Con su característica sonrisa amable y solemnidad en sus palabras nos dio la bienvenida a esta gira denominada «Vuelvo», en alusión a sus idas y vueltas entre Valdivia y Santiago. El concierto contó con 16 canciones de las cuáles 5 son inéditas incorporaciones al cancionero de Camilo, quien al parecer ya está pensando en su quinto disco.

En silencio y con mucha atención escuchamos poesías sobre sus viajes, su nostalgia, su voluntad, su amor por la vida y respeto por la naturaleza. También nos recordó su reciente paternidad y habló de la maravillosa etapa que está viviendo. Imposible no emocionarse hasta las lágrimas con la intensidad de la propuesta del valdiviano.

Camilo Eque Inmortal

A su izquierda, el talentoso Hermes Villalobos en un completo set de percusión, al otro Álvaro Carreño con un desatado violín que desgarró las canciones haciendo que se escuchen aún más profundas. Otro invitado fue Alejandro Pino, que con la sutileza de su fluegel y trompeta dejó en claro por qué es una de las revelaciones en la escena nacional.

Así pasaron los temas nuevos, “Voluntad, “Vuelvo”, “Nostalgia del Futuro”, “Amor de Invierno”, junto a otras como “Sucede”, “Canción para un Hijo”, “Me Vuelvo al Suelo”, “Aurora” y “La Luz”, que contó con la participación de La Pájara haciendo la segunda voz.

Uno de los grandes momentos de la noche se vivió cuando La Pájara y Camilo quedaron solos en el escenario. Los cantores se miraron y nos sonrieron con complicidad, como anticipando lo que venía: una estremecedora versión de “Llévense”, del disco Construcción (2015) que retumbó en la Sala SCD como si la misma madre naturaleza se manifestara a través de estas dos voces sobrantes de carácter, profundidad y potencia.

«Manifiesto» anunciaba la recta final, vino el infaltable «Canto Matutino» y con «Encumbrar», tema que le da vida a Aurora (2016), su más reciente disco, hizo la primera despedida. El bis fue una «Tonada para Volver», como él mismo denominó, seguido de una arreglada versión del clásico, «La Boca de la Inmensidad», donde brillaron tanto Camilo en la guitarra como Hermes en la percusión y Carreño en el violín.

Aplauso cerrado y entre lágrimas de emoción, porque eso es lo que Camilo Eque hace: emociona. Su interpretación es de una profundidad tal que toca hasta la última fibra y su poesía cala hondo en las reflexiones. Así terminó el ritual invernal al que el valdiviano nos tiene acostumbrados.

El pedaleo de regreso fue con una sonrisa reflexiva y el corazón contento de haber vivido un encuentro más con esta música del sur.

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