La cultura del espectáculo

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Alejandra Pérez, actual Ministra de Cultura, dio una entrevista a El Mercurio de Valparaíso el pasado domingo en la que demostró no sólo una pobre visión respecto del quehacer artístico cultural en el país, sino que también evidenció un desconocimiento brutal respecto de lo que se está haciendo actualmente en la cartera que dirige. El análisis superficial hecho por la ex ejecutiva de Canal 13, nos deja muy pocas esperanzas para los primeros cuatro años de vida de nuestro nóvel y flamante Ministerio.

Dentro de todas las aberraciones dichas por Alejandra Pérez, quizás la más nefasta de todas fue el cómo esquivó una pregunta desconociendo por completo el trabajo descentralizador de las Escuelas de Rock, que durante 24 años ha recorrido el país potenciando las escenas de música en regiones, para mencionar a la televisión como “pionera” en el posicionamiento de artistas y, como si fuera poco, usando como ejemplos los concursos de talentos, a Don Francisco y a la ex Rojo, Mon Laferte.

No podemos discutir la potencia e impacto que la televisión puede llegar a tener si se trata de masificar un contenido, sea comercial, cultural o de entretención. La tele sigue siendo uno de los medios masivos más importantes en el mundo, pero dados los criterios comerciales con que se manejan los canales, sobre todo acá en Chile, es que están muy lejos de ser reales difusores de contenidos culturales, mucho menos podemos considerarlos “pioneros” en la materia.

Es más, podríamos afirmar todo lo contrario, pues son los programas de talentos de la televisión los que promueven la cultura de lo imitativo, no dan espacios para la creación local y le trancan la pelota a los artistas para que actúen en función del rating. La misma Mon Laferte, en una entrevista dada al medio JNSP, en febrero de este año, dijo que en Rojo nunca la tomaron realmente en serio y es un hecho que su carrera la construyó en México, entonces ¿de qué está hablando la Ministra? Ni ella misma sabe.

El aporte de la televisión es mínimo, por no decir nulo. Los intérpretes de estos programas no tienen espacio para mostrar sus canciones y sus rutinas se arman sobre la base de lo que dicta la línea editorial del canal de turno. Incluso a nivel internacional, estos formatos de concursos han sido duramente cuestionados, entre otros, por el líder de Foo Figthers, Dave Grohl, quien ha dicho que “están destruyendo a la próxima generación de músicos”.

Lo de hoy es un fenómeno similar al de la Nueva Ola en los sesenta, que nos llenó de artistas cuyo legado fue hacer covers y cuya relevancia, desde el punto de vista cultural, es bastante cuestionable, sobre todo si lo comparamos con lo hecho por sus contemporáneos como Los Jaivas, Congreso o Los Blops, por mencionar algunos que no necesitaron participar de ninguna competencia para consagrarse. Lo dijo el escritor David Ponce en una entrevista dada a The Clinic On Line en el 2008, respecto de su libro, Prueba de Sonido, destacando el hecho de que el rock en Chile no se popularizó gracias a la televisión.

Algunos intentos rescatables por promover el quehacer musical chileno en televisión han sido Puro Chile, Doremix, En La Makinita, programas que, a pesar de su éxito en redes sociales y del maravilloso trabajo testimonial realizado, no tuvieron continuidad por motivos editoriales de los canales o bien por falta de financiamiento, temas sobre los cuales esperamos que esta Ministra se manifieste en algún momento.

Lo que sucede es que Alejandra Pérez confunde cultura con espectáculo, cultores con intérpretes y espacios de desarrollo y difusión, como escenarios mediáticos. Ese error es perdonable en cualquier ciudadano de a pie, pero no en quien ostenta el cargo de Secretaria de Estado y le toca la tarea de dirigir la cartera de Cultura, las Artes y el  Patrimonio.

La cultura no se encuentra a partir de concursos de talentos, sino que del rescate y valorización del trabajo hecho en todas y cada una de las comunidades presentes en el país. Lo que corresponde es promover el desarrollo de los cultores locales, generar las condiciones para que puedan desarrollar su creación y abrir los espacios para muestras a nivel comunal, provincial, regional, nacional e internacional. Repito y enfatizo: muestras, no concursos de talentos.

Por Fernando Costa.

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