Anotaciones viscerales sobre «Para Hondo», el disco doble de Cristóbal Briceño

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Comenzaré diciendo que no sé cómo lo hace. Lo pienso y un reflejo interrumpe el pensamiento, me dice «es su pega, le dedica tiempo a eso», pero la respuesta no me convence y, acto seguido, reviso lo que publicó el año pasado, también lo que anunció para este año, incluso imagino esas carpetas en su computador con nombres como «weas mias 2018», «canciones AF 2019», «ideas LMJ», etc. La cosa es que esta mañana revisé facebook y me topé con otro disco (¡otro más!) de Cristóbal Briceño. Pero eso no es todo, esta entrega es un disco doble que comparte origen y semestre con el experimento Nuñez Briceño y con los próximos álbumes de Ases Falsos y Las Chaquetas Amarillas. Brígida cosecha ¿no?

«Para Hondo» es el nombre del álbum y también de la primera canción, una composición que nos toma de la mano y nos dice con voz calma que podemos entrar a la pieza donde Briceño está acariciando canciones nuevas con sus apuntes sobre la cama y el pulgar en la sexta cuerda. Lo primero que toca me hace recordar a la versión de «Mi verdad», que el cantante grabó hace años, pero noto el engaño de inmediato cuando entra la instrumentación, la cosa no va por ahí pero suena muy bien. De pronto me la imaginé cantada por Jeanette y más adelante sonrío al escuchar una voz femenina (Carol Muñoz) intervenir los coros. Los teclados son el arma secreta, tal vez ésta sea la más digerible a primera escucha, la mejor bienvenida de todas las opciones existentes.

En las dos siguientes, tituladas ‘Mi corazón es un nido de culebras’ y ‘Es el cómo’, Cristóbal aparece acompañado por sus guitarras y su voz. A ratos juega con diversas melodías vocales y tonos graves, se divierte con arreglos y se entrega a la austeridad instrumental. Como dicen por ahí «menos es más», un recurso que ha ido puliendo en todos sus discos solistas anteriores.

Un par de grabaciones caseras le dan un matiz al disco. A modo de interludio aparece ‘40.1’ donde el cantautor repasa la letra de una canción que, aparentemente, no termina de armar. Este canto a capella se interrumpe con ‘Código secreto’, dando un giro a la personalidad que el disco ha mostrado hasta ahora. Una sonoridad más luminosa se revela y contagia a ‘Mal’ también. Ésta última concluye con un grito desde las entrañas: «Olvídate de mi amor, conchetumare». Hermosa jugada por lo que provoca, marcando un contraste con la base relajante que se escucha de fondo. Joya.

Escucho ‘Una noche conmigo’ y me siento cada vez más dentro de la canción, identificado a cagar, esperando el momento cuando confiese tantas horas perdidas/ganadas viendo a Felipe Avello en youtube para mejorar el ánimo en lapsos difíciles, madrugadas en que uno ya está transformado en una huevada, en algo agonizante, no sé en qué. La confesión que espero nunca llega pero no lo noto hasta que la canción termina porque el relato es envolvente y fluido. Un punto altísimo dentro de este grupo de canciones.

De pasada, reconocemos a una vieja amiga llamada ‘El peso de una mujer’, una recurrente en el repertorio de Los Mil Jinetes. Estructuralmente es igual a su anterior versión, pero en lo musical incluye variaciones en los arreglos de guitarra que aportan frescura y hacen más reconfortante la estadía del pasajero dentro del disco.

La semana pasada, Cristóbal contaba en su fanpage que saldría «un nuevo disco, «Para Hondo», trabajado junto a mi socio habitual Hugo San Juan. Aunque esta vez salió doble, viene con la firme intención de no empalagar. Yo al menos quedé satisfecho». Y claro, el disco es bastante amable en ese sentido, no cansa y se defiende bien con los pocos elementos que tiene. Ya vamos en la novena y seguimos pegados a esto de buena gana.

El pulso se acelera y nos ponemos el traje del compositor. ‘Nueve’ nos cuenta una serie de situaciones y pensamientos que pasan frente a Briceño, desde la imagen de unos trabajadores fumando pito hasta la añoranza por sentimientos de su adolescencia. Pienso que lo que suena ahora se anota entre lo mejor del disco, pero recibo un golpe inesperado con ‘Sufro’, que nos abraza con una guitarra con el ya ultra manoseado efecto «chorus». Pero bueno, por algo será. Obvio que pienso en el gusto de Cristóbal por la música de Mac DeMarco y sus derivados, pero me carga caer en comparaciones, esta es otra cosa y me trasmite una tranquilidad exquisita antes del final de la primera parte de «Para Hondo».

Escribo lento y la música me gana. De verdad esto va para hondo y sin notarlo ya he escuchado los cinco primeros tracks del «Disco dos». Cristóbal Briceño aprovecha la pillería de dividir el disco para dar otro semblante a lo que se viene. En «Tema del borracho bien portado» apuesta por un instrumental para posteriormente dar paso a ‘Mi mala estrella’, ‘Balada del piscolero’, ‘Paloma ploma’, y ‘Llegaremos a ser árbol’. El quinteto de composiciones me llevan a una estética distinta y me hacen recordar openings de series y música de video juegos de mi infancia.

La sinopsis que escuchamos en la primera parte tiene por fin su estreno oficial. Las frases sueltas que habían aparecido en grabaciones caseras, ahora se acoplan a ’40 veces la misma línea’, como un personaje misterioso que da unidad a este universo. El Stan Lee necesario, hilando 23 historias que se desarrollan a lo largo de 63 minutos.

‘Me pregunto’, ‘Hoja de coca’ y ‘Hay amor’ son canciones hermanas. Ésta última me atrapa con un coro que no piensa soltarme y, aunque saboreo la idea, sigo avanzando en el disco. Igual yo sé que al terminar de servirme este banquete, volveré por ese bocado. Tras superar la tentación, un relato incómodo de año nuevo cobra vida en ‘Primeras acciones’ y es sucedido por ‘Todo acabó’, avisando que el cantautor está cerrando simbólicamente el disco para, poco rato después, desafiarse a rellenar nuevas hojas de su libreta. De eso no me cabe duda.

«A ver cuánto demoro en volver a ser un desastre» dice antes de cerrar la puerta y la frase me acompaña camino a mi casa. Ya sentado en el suelo del metro, pienso en ponerme los audífonos para amenizar el viaje pero soy interceptado por unos flacos con guitarras vacilando Gipsy Kings. Buena jugada del destino. Buena escena post-créditos. Ahora sí, se inicia el cierre de puertas.

En la humilde opinión de quien escribe, «Para hondo», el álbum más reciente de Cristóbal Briceño, ocupa el mejor puesto en el catálogo de su carrera solista. Para deleite de todos, este disco doble está disponible en youtube desde el viernes 18 de mayo. Como aún hay gente que gusta de tener música en el PC y el celular, les cuento que pueden acceder al disco por descarga directa pinchando este link.

Pónganle oreja y me cuentan qué les pareció.

Texto por Kotalo Gallardo.

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